Su sonrisa, escondida en días de tormentas en su ser, se escapa ante ilusiones que con su mirada se deleita, que sus oídos sienten. Su pelo largo esconde su rostro, como este mismo esconde lo que su alma aclama. Solo unos pocos oyen lo que no dicen sus palabras, lo que sus hechos no dejan vislumbrar.
Dama, sabes que eres cabezona, defiendes tu discurso más incluso que un político. Tienes que reconocer, que muchas veces tu frágil infancia desborda tus pensamientos y hace tambalearse tu fortaleza convirtiéndola en barro, los cuales escondes en el cajón más viejo de la trastienda de tu corazón.
Mujer astuta y meticulosa.
Has decidido ser siempre tú, no dejar que el tiempo ni las circunstancias te cambien. No cambias por nadie, siempre lo has dicho.
Sabes, me conformo con completar tu vida, aún que tengas pequeñas virtudes e numerosos defectos, me alegro de ser ese cuerpo que te contiene. Que ella desde hace dieciocho años al despuntar agosto, sea yo.

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