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martes, 30 de agosto de 2011

Mi alma, la música

Los acordes ondean en mi cabeza.
Las notas juguetean en mi sentir, corretean por todo mí ser y me llenan. La imaginación se ve victima de las letras, esas que acompañan a cada compás de un ilustre pentagrama.
Emocionan el corazón desde bien pequeña, desde aquella tierna infancia en la que tope con ella, elegante, señora e imponente mujer que te llena el alma, que con sus dedos acaricia tus oídos. Nunca te deja sola, te aconseja con sus letras en cada sentimiento que tu corazón reclama y ella sin poner oposición alguna te sacia tal necesidad de cariño, que como cualquier niño reclama atención.
Compañera de viajes largos alrededor de los sueños, en los que te hundes cuando el espíritu te lo pide, en los que camina a tu lado sin tu pedírselo.
Eres anciana querida, desde los más antiguos años en los que mi memoria de dieciocho veranos no me deja alcanzar, pero sigues tan clara y contundente como siempre.
Mis antepasados te escuchaban entre bailes románticos de parejas y contigo de carabina sellaban su amor con un beso, padres de juventudes te escuchaban en discos de vinilo, en cintas de casete. 
Todo va cambiando pero tú eres incombustible al paso del tiempo, te aferras y evolucionas, pero como todo en la vida conservas tu esencia inconfundible que al deleitarme contigo consigue  convertirme en dependiente de tu presencia.
Amada, recelo de todos con los que te comparto, pero me conformo con colocarme mis cascos  y regalar mi alma a tus letras.

jueves, 25 de agosto de 2011

Novela de tiempos efímeros

Príncipe, del cuento en el que mataste a la protagonista, única dueña de tu relato hoy ahogado en tu pensamiento. De ella, solo existe el recuerdo marchito como flor en el último aliento de la primavera.
 Con mimo, la riegas día y noche, no dejas que desaparezca.
Hueles en el viento su risa, dibujas en el cristal de tu memoria su silueta hoy empañado y viejo, espectador de tantos capítulos de aquella novela muerta.
Espías a escondidas  sus sonrisas en cada suspiro perdido en el aire, intentas que no te vean sus ojos, en los que te pierdes aun sin desearlo todavía. Pero tu ego orgulloso, rechaza el sentimiento doloroso que produce la herida abierta de un fracaso, de un relato demasiado efímero.  Los peces se alimentan hoy de tu vida, un sustitutivo te sega aquella flor marchita de tu mente descolocada y tú, te aferras a esconderla sin que nadie te vea en el cajón de tu mente donde la visitas cada noche, donde solo a solas contemplas lo que fue y ya no será, lo que hipotéticamente pudo ser.
Reconoces la culpa y tu mente te tortura un día más, recures a satisfacerla dejándola deleitarse con su imagen que va cambiando en el tiempo, ya que de su voz eres el único verdugo que decidió ahogarla para siempre, junto a las ilusiones muertas.
Los tiempos cambian y los capítulos de tu mente van desapareciendo dando paso así, a las imitaciones artificiales que te has creado para tapar la hemorragia de sentimientos que te atormentan.
Cerrando los ojos concluyes las últimas líneas (ya desgastadas) de la triste narrativa.

domingo, 21 de agosto de 2011

Un océano de dudas


Un ¡NO, déjalo ya! Se hunde en su mente, mientras sus ojos no le otorgan una tregua para dejar de mirar a su tortura, esa que día a día hace sollozar su cerebro de infantiles celos provocados por su memoria. Aquellos recuerdos malditos explicados a medias tintas provocan el miedo a un Adiós.
Mientras se aparta de su pasado y su presente se enfoca en su único delirio, se desglosa su vida en aquellos que escupió al pasado para dejar sitio a su único presente. Pero ella no desaparece, ese fantasma que la agota, que desearía enterrarla en lo más hondo del más inmenso océano. ¿Pero, porque, me estoy volviendo loca? – Se confiesa cada noche con su compañera la almohada- Pero, su océano de ilusiones se esconde, le oculta el pasado de esa herida, herida que ha adoptado como propia en su ser. Y entonces se asusta, se le coagulan en su mente las hipótesis repetitivas de una simple  niña asustada.
Como cazador a su presa, la observa día y noche, la persigue en su memoria incluso cuando duerme, quiere hacer notar su presencia, estúpido sentimiento paranoico que sus ojos vendados por el dueño de su alma y de su vida no le dejan despejar. Ese que la envenena con dulces palabras, que la transforma con suaves caricias hasta trastornarla en un ser drogodependiente de su presencia. No le aclara porque en su vida sigue existiendo ese  fantasma que a ella la martiriza, solo sabe seguir dándole dosis altas en cariños inventados, para que continúe su nivel de adicción.
Océanos de mil dudas, de dudas que se acumulan en sueños de papel que al acercarlos al agua mueren ahogados, pero ellas salen a flote un día más.

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