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jueves, 28 de julio de 2011

Princesa de plástico



Me he cansado…- susurró-  Dejando así caer al suelo aquellos huesos de plástico, rompiendo con el mismo golpe seco el corazón de tela.
Dicha propietaria de esos miembros en tiempos lejanos reclamada por su verdugo como princesa, sentía como se desangraba lentamente su alma de hilos y encajes.  No comprendía, simplemente lloraba por dentro deseando ser pinocho y como él, despertarse de aquel sueño de madera.
¿Por qué me hacia esto?  De vivir en una nube, la frágil muñeca había probado por primera vez el frio suelo de la realidad, la que durante tanto tiempo sus ojos de plástico no le habían permitido visualizar. Mientras ella sonreía por dentro y por fuera al sentir las caricias de su mal nombrado propietario y sentir su voz que pronunciaban lentamente mi princesa antes de sumergirse en sus sueños en los cuales solo ella era la espectadora. Él, la convertía poco a poco  de muñeca libre a marioneta de teatrillo de feria comandada por el susodicho, movía sus hilos a su antojo mientras ella se dejaba llevar por el vaivén, no se imaginaba ni por un instante lo que poco tiempo después ocurriría.  Hay que sincerarse, y explicar que se rendía a su mirada y dejaba que la poseyera, a expensas de cualquier cosa. Pero como todo niño pequeño, encontró  una nueva huésped en su vida  a la cual dedicar todos sus desvelos.  A la pequeña ilusa, la fue apartando de su lado, su verdugo aun no identificado por sus ojos empezaba a llevar a cabo su plan. Ya no era ella la que escuchaba su corazón al  verle dormir por las noches, ya no era ella, la que con sus labios siempre sonrientes notaba la calidez de su rostro al abrazarla. No, era otro ser el que habitaba sus pensamientos.
Sabía que acabaría en un rincón, como antes muchos otros seres lo hicieron, en el rincón de su recuerdo, aquel rincón maldito que su pequeña cabeza de plástico frío no deseaba conocer.  Por eso,  se forzó por llamarle la atención, se cayó de la estantería tantas veces hasta llegar al punto de descoserse las rodillas solo por qué él le brindara una de esas sonrisas de antaño.
No ocurrió, su cuerpo descanso al lado de muchos otros en un rincón de su cuarto donde tiraba sus ilusiones cuando ya le decepcionaban.  Y allí, descanso muerta en vida, de su propia vida, (si algún día estuvo dotada de ella), de aquello que era solo una ilusión, una burbuja que como las de jabón exploto y se desvaneció en el aire de las  alegrías muertas.   

1 comentario:

  1. Cada vez, con cada nuevo relato... consigues que tu alma nos hable con más claridad.
    Te ha quedado especialmente bien. ( ^^>

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