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miércoles, 20 de julio de 2011

Con un fuerte abrazo, vencimos al tiempo y a la distancia.
No podría resumir en una frase lo que mi mente recuerda ahora tiempo después. Solo sé, que en el mar embravecido que es mi cabeza, salen a flote millones de momentos de aquel día.
Instintivamente nos dimos un abrazo y ahí, empezaron los primeros segundos de esta ilusión hecha realidad. Nervios que recorrían mi alma se cruzaban con las ganas y  el temor de la primera vez. ¿Por qué me sentía así? Les puedo asegurar señores, que no tengo ni idea, más en aquel momento era como un ovillo de lana enredada en mi misma por dentro.
Llego, mis ojos la vieron: Es ella –dije- . No tuve ninguna duda, otra vez el instinto jugaba la baza de sorprenderme, no la había tenido nunca delante y aun así, la reconocía como si estuviera todos los días a mi lado. Pero es que realmente lo está, no me supo mejor ese abrazo físico que el que durante aproximadamente dos años me ha regalado con las palabras. 
 Tu mente se despierta del sueño en el que está sometida, rebobina en el tiempo cual cinta y se da cuenta de que por ella, por la persona que gobierna desde hace 17 años, han recorrido cientos de km, exclusivamente para verla. 
Y quizás, la gente no lo entienda, pero me sentí querida, me gire con orgullo al pasado y me reí de él, en ese momento ya no me atormentaba, ni me hacía sentir pequeña. Era grande, como las nubes que aquel día deseaban mojarnos y que por otra parte lo hicieron. ¿Pero que importaba? Estábamos allí nosotras dos solo nosotras dos  y dos grandes espectadores: el cielo y el mar.
No me atrevo a aventurarme a decir que ese día ha sido  el mejor de mi vida, pero si puedo decir, que ha sido de los mejores.
Vida, la lucha a la que tantos años me has sometido te la he ganado. Ahora, suspiro al tiempo un hurra por mi victoria, a la vez que esbozo la sonrisa más grande.
En estos días lo necesitaba y tú lo sabes. Eva, en el complejo sistema que soy y en el cual muchos se pierden al intentar descifrarme y como niños cuando un juguete no se monta a su antojo, deciden decir que es “raro” y con eso se dan por ganadores artificiales de su guerra particular.  Tú, has conseguido encontrarme, y me sincerare contigo y te diré que no pensaba que lo consiguieras. No confesare nunca  que estaba perdida, ya saben los que me conocen que no me gusta hacerlo, pero quizás algo desorientada en un océano de tiempos extraños para mí.
Gracias, es la palabra más sosa que existe pero es lo que deseo darte, por muy lejos que has estado te sentido incluso más cerca que  gente la cual convive a mi lado día a día.  Y me arriesgare a decir, que para mi eres como una hermana, igual a la que nunca me ha querido dar el destino. Quizás lo encuentres extraño pero gracias a ti el día 18-07-11 pasara a ser uno de los días que convivirá conmigo en mi recuerdo el resto de mi vida.


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