No quiero que me despiertes con el desayuno en la cama. No
quiero un beso de buenos días ni un abrazo rutinario. No quiero flores
adornadas con un lazo para los aniversarios, ni tampoco un “te quiero” de
compromiso a cada momento. No busco tus miradas ni que me las concedas, ni tus
palabras para cobijarme. No quiero que me achuches y me protejas, ni que me aplanes el camino que piso con mis pies.
No quiero un mañana despejado, ni que me despejes el pasado gris. No quiero que
me regales la luna, ni una estrella, ni siquiera tu corazón. Tampoco quiero que
cuando me caiga me des la mano, ni que se te ocurran historias para
sorprenderme a cada momento. No quiero viajes románticos, ni tocadiscos que
impregnen nuestra casa de magia por una noche. No quiero que me sonrías si no
lo sientes, ni que me rías las gracias si no las entiendes. No quiero que me defiendas de lo evidente, ni
que acolches el suelo para que el golpe
no sea tan fuerte, ni tan siquiera que me cojas antes de caer para que no sea
consciente.
Solo quiero…
Que dejes que me caiga, que castigues mi soberbia sin
aplaudirme mis virtudes. Que me muestres tus sentimientos solo cuando tu alma
lo pida. Que llores aun que yo esté presente. Que me dejes pisar la hierba
fresca descalza. Que me dejes soñar lo imposible y, probar únicamente lo
probable.
Quiero que me dejes
cuatro palabras en un possit al lado
de un café frio. Quiero que dejes que me moje bajo mi tormenta y, que la vida
me golpe una y otra vez. Quiero que
dejes que llore…
Quiero regalos
feos envueltos con prisa. Quiero tu
sonrisa, antes que cualquier objeto en una repisa de una vacía habitación.
Quiero un príncipe de andar por casa, un trovador moderno. Quiero que me
interpretes una canción con sus gallos correspondientes. Quiero que vayas sin plancharte la camisa. Quiero
que dejes la luna para los astronautas y a mí, me regales un segundo tuyo.
Quiero desayunos a deshora y miradas cómplices cuando no tocan. Noches en vela,
tocando una guitarra sin compás ni ritmo. Quiero que seas impuntual, que vivas
en el desorden. Quiero que no te acuerdes de las fechas importantes y, ni tan
siquiera, escondas ese fallo. Quiero que tengas multitud de defectos y pequeñas virtudes y que, me las muestres
como si nada. Quiero que seas un héroe subjetivo y, un novato que quiera ser
maestro para enseñarme el mundo.
Quiero que solo seas
tú, que yo sea yo y la vida, nuestra.


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