Ahora recuerdo lo que te dicen desde muy pequeño, hija, el dolor te hace más fuerte. ¿Fuerte? En ese momento me sentía tan pequeña, en mi cabeza lo único que existía era el dolor. Rendida por la rabia y la desilusión, quede dormida.
Pocos segundos después algo me despertó, era un ruido fino pero intenso, como pude me seque los ojos aún mojados y los abrir para comprobar que era aquel extraño ruido. Al mirar hacia la ventana, lo vi, sus ojos pequeños y redondos me miraban insistentemente sin desviar la vista ni un segundo. En ese momento, decidí levantarme y abrir la ventana, yo solo quería que se fuera, abrí la ventana y lo espanté. Después de cerrar la ventana volví a dormirme esta vez sin interrupción hasta que sonó la terrible alarma del despertador, me incorporé y instintivamente como si algo me llamará volví a mirar hacia la ventana, quizás, aún que mi cabeza no lo quisiera reconocer con la esperanza de volver a ver ese pequeño ser que habitaba aquella pasada noche en mi ventana para esta vez sí dejarlo entrar tímidamente en mi soledad. Pero para mi decepción no estaba, en ese momento decidí pensar que todo había sido una alucinación fruto del abatimiento de aquella noche y que mejor era dejarlo pasa.
El pensamiento de aquella presencia tan pequeña y misteriosa aquella noche no me dejo dormir. Mi mente ansiaba que volviera, después de esperar mucho tiempo decidí abandonarme a Morfeo. En ese momento, volví a escuchar ese sonido de la otra noche, con ilusión abrir los ojos, y ahí estaba otra vez mirándome, custodiando mi ventana, sin importarle que la noche anterior lo hubiese echado de ella. Me levante, esta vez sí, le abrir la ventana para que pasara a mi mundo de soledad, entro y pude ver con claridad cómo era. Pequeño, de ojos negros a conjunto con su plumaje fuerte y suave que comenzaban en su pico y acababan en su cola dando sombra a sus patas finas. Lo miré y, entonces, reconocí que ave era, algo asustada pensé en hacerla salir de mi habitación, pero la confianza que me daban aquellos ojos me lo impedía, así que decidí dejarlo campar a sus anchas por mi mundo, al principio asustada y desconfiada, pero vi que su objetivo no era hacerme daño sino, observarme única y exclusivamente.
Fueron pasando los días y con ellos desapareciendo mis pensamientos, hasta que un día, desapareció también él, el único ser que me había ayudado a salir del pozo en el cual me encontraba. Lo empecé a buscar desesperadamente, ¿Dónde estaba? Entonces vi la ventana abierta, se había ido, pero, ¿Porqué? No encontraba una explicación a su ida pero, si pensaba fríamente tampoco se la encontré a su llegada.
Decidí empezar a buscar una explicación para todo lo que me había pasado en aquellos días, busque y busque hasta encontrar un artículo que me hizo entenderlo todo. Era una leyenda que decía así: “Cuenta la leyenda que en un paraje muy lejano datado en la edad media, vivía una princesa exiliada por su pueblo a vivir en aquel paraje por el resto de su vida, la princesa tenía una pena por aquel acontecimiento que no la dejaba dormir. Un día en el alféizar de su ventana apareció un ave de plumaje negro que la custodiaba día y noche. La princesa, al verla insistencia del joven animal, decidió dejarlo pasar a su alcoba para que le hiciera compañía en sus días de soledad, el ave acompaño a la princesa durante largo tiempo y poco a poco la princesa fue olvidando la tristeza que ella sufría. Una de aquellas mañanas al despertar, la princesa comprobó que el pájaro había desaparecido, asustada se apresuro a la ventana y comprobó como el vuelo de aquel animal alado se perdía en el horizonte. Entonces, la princesa se dio cuenta que aquel ave, había estado con ella hasta que su sonrisa había vuelto a brillar.”
En ese momento, vi el paralelismo entre esa leyenda y la situación que había vivido yo y quizás pareciera una locura pero, me levante rápidamente y corrí hacia la ventana, la abrir de par en par, y con lágrimas en los ojos, pero una sonrisa bien grande, grité a aquella mañana de verano reluciente: “Gracias”.

( ºº< Kraaa kraaaaa!!!! (*)
ResponderEliminar(*) "A tí"